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Full text of "Luisa Luisi Polvo De Dias"

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6 O o r, /, ^, 



a mi 5ARANr 'ONTEVIDEO 



Compañía 
dejes ús 

Uruyujv 



LUISA LUIS! 



POLVO DE DIAS 

POEMAS 



MONTEVIDEO 
1 9 3 S 



OBRAS DE LA MISMA AUTORA 



"SENTIR...' — Poesías. — Montevideo. — 1916. 

"EDUCACION ARTISTICA ' — Monografía — Montevideo — 
1919. 

INQUIETUD" — Poesías — Montevideo — 1922. 

"IDEAS SOBRE EDUCACION" — Montevideo — 1923. 

"A TRAVES DE LIBROS Y DE AUTORES" — Crítica — Bue- 
nos Aires — 1925. 

"POEMAS DE LA INMOVILIDAD" — Barcelona — 1926. 

OBRAS INEDITAS 

ENCRUCIJADAS" — Comedia Dramática. 
A TRAVES DE LIBROS Y DE AUTORES" (II). 
FIGURAS LITERARIAS FEMENINAS" 
"SELECCION DE POEMAS". 



POLVO DE DIAS 

"Caigo desmemiCíuia en un polvo de días... ' 



ALBA DE AMOB 



Despertarán las ondas largo tiempo dormidas 
ou el seno profundo y turbio de las aguas; 
los números dispersos concertarán sus rondas 
cu músicas celestes de danzas estelares; 
los jtigos de la tierra, acres en su aislamiento, 
sublimarán los pétalos de seda y de perfume; 
se ordenará en en.iam])res de melódico vuelo 
la turba zumbadora de doradas abejas, 
y en el duro panal de las palabras 
dejará la didzura de su carga olorosaj 



los átomos inciertos de descentrados giros, 
dóciles y sumisos al torbellino rítmico, 
en siderales notas de suprema armonía 
encenderán estrellas de musicales órbitas; 
celestes disciplinas regularán el Caos, 
y la serenidad de las formas perfectas 
sucederá a este inquieto sobresalto del alma. . . 
Cuando una sola cliispa de luz de tu mirada 
levanto un alba nueva y rosa en mis entrañas. . . 



LA ROSA 



Fnrn (I Jardín df Concha Espina. 

Ali ¡q\ié i'osa más pura, más fi'esca, más secreta 
perfuma los inquietos vaivenes de mi andar! 
Por extrañas raíces, retorcidas y oscuras 
eliupa una savia ardiente que me aviva la faz . . 

kSc me pierden los ojos extáticos tras ella, 
cuando me invade, lenta, la interna pleamar; 
y no sé si son ondas del perfume o del agua 
(^ue levantan mi cuerpo, hasta hacerlo flotar. . . 

*9 



Ali ¡qué embriaguez tan honda la de llevar oculta 
esta fuevzix que viene más allá del ayer!. . . 
Y cuando nadie sabe porqué soy fuerte y viva, 
gozar este ^( rv u^ de mi alma de mujer I. . . 



EL GATO 



Un gato gigantesco se pega a mi costado 
y clava en mí sus ojos clorados c inquietantes; 
en mi flaneo desliza su eaiieia taimada 
de sedas inmediatas y garras inminentes. 

Apunta a las estrellas rma n'gida cola, 
como mi dedo extendido que señala un destino; 
y eléctricas descargas erizan su pelambre 
y encienden sus j)upilas de luz fosforescente. 

- 11 



Llevo contra a mi cuerpo, frotándose a niis piernas, 
el tremendo misterio de su intención oculta; 
V el miedo a mis tobillos aprieta sus grilletes 
cuando levanta el gato su pálido maullido. 



29 - 



RAICES DE TU VIDA. 



Raíces de tu A-ida prendieron en mi vida; 
nuestra savia florece rosas en derredor. . . 
prolongan sus latidos en mi sangre, tus venas... 
nuestros ojos encienden nuevos astros en Dios... 

Pálidos de miramos, curvos sobre el abismo, 
— una espiral de fuego y sombra nuestro amor — 
resplandor de poniente, no claridad de aurora. 
No llegar a ser uno, y nimca más ser dos!. . . 



TREGUA 



Se me lia dormido el alma, de pie, dentro del cuerpo, 
mientras él signe andando sus gestos habituales. 
La llevo con el mismo cuidado que a los niños 
que por que no despierten, se velan en silencio. 

Duermo, alma. Tantos años 
atenta al gesto vano y al intento mezquino 
gastaste tus jmpilas en las cosas pequeñas 
y te heriste las manos en las aristas duras. 



Diiennr ahora. dí^Hcatisfl. Las pasiones 
de ojoK iiogi'os y cabellos revueltos, 
giitan cerca. Tn sueño iio las oiga! 
Mañana ya sejá la tiágica vigilia... 



16 - 



LAS MANZANAS 



rara Elisita García de Zúñiga Limi. 

Intactas y redondas 

las manzanas madnras de las horas 

nic ofiTccn sn dorada plenitud. 

Frescas, jugosas, claras, 

van cjjyondo una a una en mi regazo, 

del cubo) luminoso de los cielos. 

Mis dedos |)al{)an la corteza fina 
y mis ojos contemplan 
las rojas curvas suaves. 



Han caído las últimas manzanas 
celestes de la tarde. 

Mi regazo es im cesto de colmado perfume. 

Quiero mordei- la pul])a más sabrosa 
y exprimir en mis labios 
su más intenso zumo. 

Elijo la manzana más dorada 
y aspiro con fruición 
el opulento olor. 

Pero al morder la pulpa perfumada 

el duende ncgn'o de la noche 

me roba de repente mis manzanas... 



PALIDAS MANOS MIAS. 



Pálidas manos mías, blancas flores de cera, 
en su labor de estrellas palidecidas más . . . 
Frías manos rxsangüos « n afán de purezas, 
frías de s\i pureza y de su soledad . . . 

Hoy las liaigo vestidas de tibiezas extrañas; 
un temblor extremece su eiñdermis sutil . , . 
Las sumeigí en un bai ro caliente y movedizo, 
y gérmenes impuros han sentido latir 1... 



Pálidas mauos mías, ya cubiertas de fango, 
en donde sii pureza de liiio fué a moiii... 
Al mirarlas vencidas en su orgullo, las siento 
palpitar de ima vida que nunca conocí I... 



AZAHARES 



Perfumada dulzura on mi dolida espera; 
r-arifia do minúsculos dedos sol)ro la frente; 
III ¡nial uva do soles entre pótalos de alba; 
si^iialuia floral de una alianza viviente. 

Manos y senos de ángel entro el verdor truncado 

maravillosa oarno nueva de adolescente 

loción nacida al beso del árbol y setiembre, 

en el huerto prohibido de mi Hespérido humana.. 



Ohl caja de Pandora de mi íntima congoja, 

que en tu ijcrfunie ocultas la anhelada certeza; 

tu mensaje me trae por inéditas vías, 

el apaciguamiento de una gi'acia serena . . . 



EL BUQUE 



Surcando turbias aguas de olvido y de silencio 
la nave de la noche calladamente avanza, 
desplegadas las velas millonarias de estrellas 
y el fanal de la luna colgado en el mesana. 

Buque fantasma, guarda en su escondido vientre 
tesoros inviolados y mágicas reservas 
para el que nunca tuvo temor de su leyenda, 
y se entregó confiado a su prestigio oscuro. 

_ 2:< 



En tu seno propicio henchido de misterio 
embarco mi fatiga a puerto matutino, 
bajo tus amplias reías de negi'os terciopelos 
que orea un viento laigo y salpica de estrellas. 



Luz. . . Inz. . . Inz. . . 
y los ojos ciegos para bebería 1 
Espacio. . . espacio inmenso. . . 
7 el ala fatigada! 
Prodigio (le In foi iiia . . . 
y la mano iin])otente!. . . 
Tanta sed. . . tanta sed. . . 
Y el agua allí, intocada! 



ENCANTAMIENTO 



Dulzura de las cosas dormidas en la niebla . . . 

Golear lento do sueños sobre el espeso muro 

de nuestra diunia ceguedad . . . 

Los ojos lastimados por el perfil violento 

se alivian de penumbra y so afinan de estrella . . . 

Melodías sutiles como hiladas de araña 

me envuelven en sus mallas impalpables de sones... 

Asciendo lentamente en hmiinoso tallo, 
dorado de crepúsculos, hacia celestes climas, 
donde florecen tenues corolas siderales 
y maduran en oro los racimos de estrellas . . . 



- 27 



Cabalgando la nota más fina de su canto 
con el ala de un ángel me abanica el misterio. 
£n las aguas etéreas donde floto hechizada, 
quedo presa en las redes de algún astro lejano. 



PARTIR.. 



Era ya la tristeza del retorno, 

—barra infranqueable al puerto de esperanzar— 

cuando abrió la cortina del poniente 

alba nueva en un viaje no esperado. 

Partir I Partir en esta nave ardiente 

con ]ms velas do ])úri)Ui-a y do plata, 

sobre el azul de uu mar radiante y quieto, 

hacia las playas de una tierra ignota... 



- 29 



Partir!. . . Partir a la llamada nueva 

a descubiir ])aisa,jcs sin iflomo: 

las islas fabulosas de tu alma 

con sus lagos de seda y sus nevadas cumbres. . . 

Y lio Hogar. . . No foiiocoi- r\ tónnino 
donde las iiavos (luietas agonizan, 
con las alas plegadas de fatiga 
y los flancos llagados de tristeza. . . 

Allí Nimca más volver!. . . Nunca 
en la tierra gris de la monotonía 

clíivav líi (|iiilla f'lovoí'ifla fie alg;is 

que ancló una tarde en aguas de milagro... 

Un día, tnmco por piadosa mano 
el viaje de la nave puipiii iiui. 
levantará su casco perfumado 
por el iodo y la sal de la partida. 

90 - 



Y en la inmensa llanura palpitante 

besadas por las olas y las l)jisas, 

las velas (iiic al paitii- tu(M(»ii de gloria 

se teuderiiii como cansadas alas . . . 

Partir!... Pai'íir liacia las islas nuevas 
en este viaje de enibriagaute vértigo, 
con todo el horizonte eu las pupilas 
hipnotizadas de una ausencia eterna... 

Partir!... Partir, las alas desplegadas 
en im gesto de abrazo al firmamento!.. 
Perderse en las praderas del espacio, 
deshecha en luz, y florecida en astros I. 



EXALTACION 



Hemos roto los límites y rencido las formas!... 

Los vasos destrozados libertaron la esencia! 

La arcilla se lia IiccIk» diáfana y el muro transparente, 

los cristales trizados, cediciou el espaeiol... 

Toda la luz del cielo se fundió en tu mirada, 

y cu el lioiiii.K, lui ángel escalamos la altura... 

^«'I'ic l.i picdi.i (i|»;ic;i (!•• uii nnisgv» de costumbre, 
inicstio bruió un ala, y nuesUa íreule un nimbo.* 



Un minuto... Qué importa! Fn minuto es eterno, 
ánfora para el labio sediento de infinito!. . . 

Más alto aún! Más ¿ilto!... 

en la embriaguez del ímpetu sobre todo horizonte I... 
Allá abajo quedaron los cuerpos enlazados 

y nosotros más alto sobre nosotros mismos I. . . 
Hemos roto los límites y vencido las formas!. . . 



34- 



XmiDAD 



[WmU) r] costado do mi cuerpo sangra 

la cruel desgarradura de tu cuerpo... 

Unidos, somos ' 

la foima de una raza desterrada 

dueña por fin de su celeste patria. 

Ah! el gozo de anular nuestros lium.nios límilcs 

mientras la frente crece a un resplandor de arcángel 1. 

Todo el costado de mi cuerpo ahora, 
sangra la llaga de tu cuerpo ausente. . . 



Voy por los días, mutilada y ciega, 

con la boca claiiiaiiio de mi llaga, 
eu anhelo de estreclia soldadura 
con la boca gemela de tu llaga! 
Mientras van las potencias disociadas 
íl*' iiiH'sfrd aí-cáii^í'l desterrado, 
j)idi(.'ndo a nuestro abrázo 
la i)erdida unidad de su destino I 



Todo el costado de mi cuoi'])o sangra 
la supresión de su mitad iiumana!... 



LA PASCUA NUESTRA 



Sobre nosotros baja, con su nimbada frente, 

la niiíiélica ciialnia qiio so cncaTiia oii los dos.. 
Pilla la J*ascua nuestra, de inocencia y de fuego, 
vistamos la radiante túnica del amori 

La í-('lovi,. criaiur.-i 'inidr <or en nosotros. . . 
Nucslvo abrazo es la esc ala de llamas de Jacob: 
los ángeles descienden por él, hasta nosotros, 
y en sus alas violentas, nos suben hasta Dios! 



SIGNO 



Ei-ns, oiHro '^onibrn^. '>íis1('fi(); 
.y en la plata lunar, sobic las ondas, 
el coro de los ángeles rebeldes 
condenados a vagar de alma en alma 
en busca de su sombra. 

Llevabas mi destino — tu soiiiija — en la mano; 
y mis horas colgaban de tus palmas abiei-tas; 
los dosignios sumisos te lamían las ]ilantas, 
y en tus ojos — estrella — se agazapó el futuro. 



- 89 



Venías de tan lejos que so perdió tu nombre; 
y por hallarlo liiciste el viaje de otro3 siglos. 
Suspensa yo en el lento gotear de tu mirada 
me desangro en la cruz de tu palabra trunca . . . 



COSECHA TARDIA 



Tu corona de flores tiene peso de fruto . . . 

Va\ iu all);i asoma in([iiict(> ini iiiatcliilo jícrfil... 
Kn mis dedos cansados lias volcado lus dones, 
y contemplo asombrada tu pompa sobre mí. 

Tarde llegó tu ardiente cosecha de alegi'ias. 

Mis trojes ya no pueden tu espiga recibii*... 

Fueron lan abundanles las mií^scs de amargura 
que no han dejado un limpio espacio para tí... 



El invierno inminente, ronda junto a mi puerta; 
acurrucada, acecho su escarcha en mi jardín. 
Busca lejos, la dulce primavera florida, 
y gracias I porque has puesto; tu rostro sobre mí!. . . 



42 - 



MOMENTO 



La mariposa oscura del silencio 

se posó, con la tarde, en mi regazo . . . 

Henchida de distancias, 

en la proximidad de su secreto, 

blando pluiiióii, lozú mi ÍJLiitc un ida,, 
flecha lanzada hacia un distante anlielo.. 

Un estremecimiento fugitivo 
levantó con su ráfaga, el misterio. . . 



Angel, pájaro o sueño, 

besó mi frente, y se perdió a lo lejos. 



44* 



BEPBOCHE 



Millares de ojos — y tus ojos siempre — 
en húmedo horizonte de pupilas, 

me oslTcdiaii (•]! 1111 cerco de miradas 
y se csfiunan cu lágrimas virües. 

Párpado.^ y pestañas en mis dedos; ) 
iris oscuros de callada angustia; \ 

(l.'i]r/;iiiic^ c-pirales dc tiisteza, 
ajorcas dc agonía en mis tobillos... 




En sus g-iros mp onlaznn las i'odillas, 
ciñen mi talle, i)of mi i^cclio subeu, 
y en mi cuello, serpiente desolada 
me estrangula el collar de tu silencio. 



AGONIA. 



La marea, despacio, desciende en »mis orillas; 
por extrañít fístira se me va todo el mar. . . 
En la arena l í secn do mi playa vacía, 
mueren mis flores secas de gelatina y sal. . . 

Se apaga lentamente el gran murmullo vivo 
fii este inexorable descenso de mi mar; 
las aguas van bajando sin tregua en mis orillas.. 
Hasta dejar desnudas rocas de Eternidad!... 



OBEPUSOULO 



Rosas tenues, celestes, lilas desvanecidos... 

Velos... gasas... aromas de extáticos jazmines. 

Una iiiaiio se posa siiaví^incnlc cu las rosas 

y el áii^cl (U'l silencio se (iiieda suspendido 

con las alas aT)iertas entre el cielo y la vida. 

A penas, todavía, en la más alta rama 

dos ]>á.)ar«>s disciclos conversan al oído. . . 

Un estreineciniienlo iccoi-re Jos rollajcs, 

y los párj^ados negros de la noche se cierran. 

La soledad se puebla de presencias amigas... 



Los sueños brotan, va^^os, do las hiíM-bas dormidas, 
y enciende en las alturas lejanas veladoras 
la mano que proteje el sueño de las cosas . . . 



50 



LA. HOGUERA 



Á Enriqué &oiMálu Martine». 

En la noche «ngustiosa 

alzamos fsta lioprnera de sarmientoR^ 

para encontrar a Dios. . . 

T.n r-l;irn llnni.-t lf \-nntó su lumbre, 
y fascinados por su luz, 
vinimos con las manos ateridas 
y cou los ojos ciegos. 



Sf ;il)ri< ron l.is pupilas v las pa Lilia s. . . 
Y fii ( I t( Ion de fondo de la sombra 
el efímero dedo de la llama 
dibujó toscamente el contomo de Dios.. 



OTOÑO 



Sf í stoy en mcdio de un montón de hojas secas 

alisando pncicnto, sus cíirns rotorcidns. 

mientras espero, inmóvil, que el árbol de mi vida 

de nuevo se recubra de hojas resplandecientes. 

Una a una, amarillas, sobre mí van cayendo . . . 

Y mientras continiio mi monótono gesto, 

el árbol se desnuda de su ííltimo follaje... 

Y me sepulta el manto de su oro fatigado . . . 



- 58 



ENOBUOIJADA 



La dnni onmicijada. Y el temor nn<íusti(>so 

de equivocar la ruta. Noclie. Y d('Utro de uosotros, 

oscuridad. No bastan a guiarnos, 

ni la ansiedad por m\i\ clara meta, 

ni, afil.idos puñales de tortura, 

nuestros ojos. 

La dura encrucijada. Ni brújula, ni estrella. 
La sombra, espesa más y más. . . 



- 66 



Náufragos y;i í ii l;i (■¡(■L'vi ¡x'^adiinibre, 
con un cci ral más liondo de pupilas, 
sobi'p fl negií) tapete de la vida, 
jugamos el destino a una carta de azar. . 



ALTO 



En esta encrucijada de silencio 
prisioneros de Dios, nos detuvimos . . . 

A nu('sli-()S ])i('s. llanuins tias)»asailas 
do alegrías de soles y de estrellas... 

Mudos, suspensos en la extraña vía 
la mirada se ahondó dentro del pecho; 

y en la anunsua de la hora decisiva 
nos conteiiiplanios eon los ojos ciegos. . 



Las nitas nos hurtaron sus designios... 

Mas, bajo el \ ug<» de iin i<»la))l«'s n(»rmas, 
rompimos a marchar por las palabras . . . 



SL DIOS INOOMPBENDIDO 



A Jvlet SvpervMU. 

Cada día levantas tii párpado de oielo 

con la esperanza inmensa de ser reconocido. 

Cada día derramas tu corazón de llamas 

sohfc l}i in»'(iin))ífMisi«'ni de la «M'oucr.-i micsti'n. 

Y cada día la lioguera ({uc enciende nucstia infanúa 

dispersa en el espacio las chispas de tu cuerpo. 

('iegos, soidoSj perdidos en nuestros duros límites, 
proscgULUJOií absortos, uuestra órbita mezquina... 



No nos hurtes la dulce pupila luminosa 

tras el liiímedo velo de tus celestes lágrimas... 

Cif'gos, s()i<l(ts, sentimos lii llaiiiíido lejano 
golpciir oscuiaiHentc, iiueslia espesa pared... 

Ahí puede ser que un día nos deslumbre tu luz!. . . 



80 - 



INMORTALIDAD 



J. Carlos Sábat Ercasty. 

Me voy mellando el alma en este duro empeño 

(Ir- inofdcr di la incn iiilada de l«>s sigilos, 

con dientes de j>acieiicia y teiiaees de orgullo, 

y dedos cnooTvados de crispada porfía. 

Frente al bloíiue indiviso de los li» in])os futuros 
caliento al rojo vivo la lima del espíritu; 
roedor desesperado del granito impasible 
caigo desmenuzada en un polvo de días... 



- 61 



PRESENTIlCIEirTO 



Perfil (If nii nlpjzi-ía I . . . Rostro joven df^l llanto! 
Navidad df' una csliflla afilada df' luces, 
en la germinación de tuia simiente de astros! 
Retoñar de crepúsculos... afinación de sombras.. 
Ondas, onda'- rniL^ndns dr rnaLni óticos dardos... 
espada do la duda... intuir dr tu ausencia... 
Paisaje verde y turbio de traición inminente, 
en somnolencia aún no nacida de designios . . . 



Fría, sntil liorida de im alfiler de oro, 
en la carne inmaterial de un temor inconscÜente. . . 
Sangrar — sangre incorpórea — de una extraña videncia, 
de todo lo que espera por nacer, en la muerte 1 

Y fu presencia oscni'a (|uc iiic cnviiclve, 

y esconde en sus contomos lo que mi anhelo espera: 

scpnridad, cciie/;i imposible, y l.-iii íni;i! 

<.iii - ;i mi coi'azí'di (](*s;iiiL;rn(l(> de angustia! 

MiiiHh-^ I laiisciiJ'i-idos, y horas, y días no nacidos... 

Preñez de lo ignorado, y matriz de futuro, 

en la extraña videncia de un vértice de sombra I... 




SL RESPLANDOR GOZOSO 



.4 Arfvm FarinelH. 

La Tierra cutera se consume eu llamas... 
Arden los negi'os pinos y los plátanos verdes. . . 
En medio del paisaje, 

ten ciiceiKlülíi. tiz«'m vixieiilc. mi cuerpo, 
eii lili gigante puño levautado. 
De mis fínos cabellos al viento, 
de mis ojos profundos, 

mis «ledos af'il^'dos \ sueltos. 
Wroiaií llamas doladas abejas, 
amapolas de brasa — . 



Mi sangre, 

|H»r las \<-ii;>s nsciiiMs <lc la tierra 
aliirieiila la jo ja llamarada . . . 

Sobro ol tapiz de púrpura del cielo 

<1;ui7,(i i'l júbilo inmenso. 

y la danza Hcl t'uegu nu- arrebata! 

Brota 

de mi frente encendida 

— (liadeniíi dr ! iibíes- - 

el le.splandoi' gozosu . . . 

Danzo, danzo, antorcha de júbilo en la tarde, 

jnieutra.s finas < eMÍzas se desprenden 

de la tea encendida de mi cuerpo . . . 

Cuando se extinga el último rescoldo, 
postreras chispas mis ojos, 
raeián sobre el oscuro raso 4«'l ñi'?níiniento. 
\ «luedarán allí, fijos y abieUos para si<'mpre 



66 - 



OBEPTT80X7LO EN MALVm 



A Ffrvnndo N^h^l. 

.Sombias en eJ crepúsculo, y jugiictt^ai- de luces!... 
Relámpago» de estrellas y parpadear de nubes . . . 
Una racha sonora, y un silencio de luna . . . 

Conjunción de dos luces, y mistei io (|Ue londu 
entre la fronda A'iva y tembladoia de los álamos . . . 

Vr\ oikíiiIíh' uianuo y un nli<'iitu ioda<l<' 
«■ntJ'c l.-t phn.-i fin.-i \ traicionera l;i larde... 
l'az preñada do in<|UÍonides. y su.su rrar de hojas, 
a la canción uoctuiiia de las olas cercanas . . . 



un murmurio de roces incorpóreas y ausentes . . . 
conciliábulos vagos de gnomos y fantasmas... 

prc'soufia rleslizantí' de algimo que me acecha. . . 
voceri quietas, calladas, de hierbas y de insectos. . . 
conspiración de miedos y encantos enlazados . . . 
en la liova que ti*ama con todo lu invisible, 
la apariencia tranquila y luminosa de mañana 1. . . 

Entre las fuerzas misteriosas de las sombras en vela, 
busco la jaula de oro de una luz que me llama ! . . . 



68 ~ 



POBMA PAEA LA AAUGA MUERTA 



Han sidi» Ih ])rimera en irte, de nosotras, 
Y al hacerlo, te has llevado contigo, eii la« palmas, 

[apretadas, 

bajo loH párpados torrados, 
un f^m peduzo del paisaje, 
que muestra ahora, en el lugai- vn que has caído, 
un desgarrón abierto en la tela de nuestros años 

[juveniles, 

Falííi .ih.'iH. el triso. \mi\ tarde aríiioniosa, 
lui i>a.s(M» por la vieja terraza (h- Ramírez, 
unas vueltas de vals junto a unos ojos azules, 
el uniforme sobrio de un marino extranjero, 



- m 



y unos compase» trunco» del «Souvenir» de Dría. 
Pacientemente, día por tlía, iremoB zurfiendo la tela 

[destrozada. . . 

rcK» iK» podií-nirts evitar «[Ue ou adolaiitr, 
la copa de im árbol crezca sobre un caballo al galope, 
o el techo de ima casa se prolongue en la mejilla de luia 

[joveu. 

Por mucho tiempo todavía, 

tropczaremoK al andar con esta cicatriz del paisaje, 
|K)rf|iic tú te llevaste on tus manos exsangües, 
bajo tus párpados caídos 
un trozo grande del telón de fondo 
frente al cual seguiremos representando nuestro papel 

[insípido 

con gestos cada vez más mecánicos y absurdos. 



?0 - 



EL MTJBO 



Paro J'uLio Fúdlo. 

De nuevo el muro se rsix só iinplanablo 
hecho fatalidad de piedra y tanto. 

8e agudizó el oído hasta la angustia 

por pcrcjhii' Ins \-()f'cs de r^tros días, 
y las manos hciidas poi- los filos 
palparon ciegas la pared desnuda. 




"El grito que rebota sin respuesta 
y la flecha que vuelve a nuestros pies. 
Mientras allá, del otro lado, en vano 
golpean otras roanos la pared . . . 



UNA SOLA ESTRELLA. 



A Anita UnUUU. 

Una sola estrella, 

entH' el rchaílo apretado y tembloroso 
de todas las estrellas . . . 

Un solo camino 

en la anudada maraña de todos los caminos . . . 

Una sola estrella, la mía!... 

mientras fulpruran como diamantes 

en la negra cabellera de ima cortesana 

las estrellas que traicionan y que olvidan... 



Vu rniiiiiio. p1 mío!,. 

líiieiitras si anastraii bajo mis pies, peno» sumisoB, 
\oH caminos ajenos/. . . 

driíi sola ostrclla!. . . Vu solí» • ainiiiol. . . 
Pci<» uña ojos son ciegos para ella, 
pero mis pies, esquivos. 



BEBEUON 



He de. rasgar tu piel, monstruo de mil colores 

\ hin u.nr ( oii mis dedos pii tu entraña ealiente 
Ho (U movdvv con diontcs de tona/ insistencia 
til cortcZH brillante, imiviMsal maiizaiia; 
y sentiré en mi lengua el sabor de tu carne, 
y chorrearán mis labios tus zimíios nietafísicos 
FIf (Ir i'omjx-r <-oii iiiHiM's airpviílas. lii^ Inmias, 
juglieie alucinaut*- <|ii<' danzas a iiiÍ8 «»jin¿; 



y sahré tu secreto, y el último resorte 

quf te iiiiH'"\'<- las pioza^ íiiaiavillosaniente . . . 
No volver»- a estrellar mi freute ijen.sativa 
contra el muro inhumano de animados dibujos 
o aplastará mi cuerpo en el violento impulso 
o, flecha yictoríosa, me clavaré en el blanco! 



PALIDA 



A Altonfo Heu^t- 

Te di mi mano, Pálida, "y tus dedos 

estrecharon los míos; y eran 

tus dedos largos, Pálida, y con frescor de nieve, 

dedos (ir ale:a y (](' que quedaron 
enredados entre los míos, tibios. 

Te di mi boca, Pálida, y tus labios 

«•aliados, se |M»sjti(.!i (-11 l(»> min.v. V ora 
tu caricia tan tenue. <]U» l;i fría dulzuj-a 
de agua y raso, descendió por mis venas 
como un río 
refrescante y agudo. 



Se estremeció mi lostíu. Pálida, al oontaoto 

de tu carieia líquida. Y tras 

como un témpano suave 

que erizara mi piel, y la dejara 

fragante de frescura acidulada. 

Y ahora estás ni tiii pct-lii). l*áii<la. 

junto a mi (-orazóii, y su latido i-álido 

te va fundiendo poco a poco, hasta el momento 

de quedar en mi sangi'e a penas como 

un vaho de rocío 

o ujia niebla de nieve. 

O i\uv seamos las dos un hoIo témpano 
endurecido y lí crido, 

bajo la Hombra de un sol que no calienta; 
en el espaei»! neiiio. t-n el inniíMiso 
agujero de sombra de Ih noche, 
perdidas en el duro abrazo 
de nuestra desnuda realidad, Pálida, 
solas tú y yo. 



EXPEBIENOIA. 



Clamamos por un solo milaiin». Scfior. de tu presencia, 
y tu diario milagi'o nos halla ludil (.rentes!. . . 

Ahí danos limpios o.ius nuevos para mirarte; 
desnúdanos el alma de estos viejos harapos 
adheiido» en costra de experiencia 
sobre la pura e^ue del espíritu!. . . 



— 71) 



V haznos dp nuevo intactos, 
claros de luz de auiwa y frescos de rocío; 
haznos de nuevo niños, niños maravillados, 
frente al milagro vivo de la noche y del albat. . 



EL CEMENTERIO DE LOS POBEES 



Siiri;iú dv pronto ilel innujuiable cd ir 

eii «*1 <|VH% avaros, aiiioatouajiios rr^iii üisUiiguir valores, 

riquezas y deshechos. 

Surgió intacta, incambiada, idéntica a sí misma, 

Icvaiiiamlo de un <í-o1|m' la U\]m de mi i-a.ja dt- soipivsas. 
Había quedado allí tal como la dejé eu una taidc de mi 

[infancia. 

desnuda bajo su pobre adorno de couchillas, 

entre cruces de hierro y coronas de cuentas. 
Del fondo de mi sangre y de mis huesos, 
ah! cómo vino a mí, atravesando capas incoloras 
de días y de días . . . 

- 81 



nalfarido ájpl y iriHcabra, monUmcn de alegríaM, 
de deceiMíioncH y trabajo»; 

miírierido ronintennñn de ambicione», tniiraliax dr í xjm;- 

y CHtraíoh ¡>('\n>> 'I' .iW ncío. 

Ahí cómo vino « mí, trayéiidome en Ihh mano» dmfunmdMM, 
una tni'df ^^Hh, inhumana, quf^ lamían 
«ntn- (>.ií<'ii< o~ gemidos, 

un ciflo i tinao y \\ií¿^lh^(', dond^ quddó mí infancia 
micífír .'ula de iingiiHtia y d<e abandono. 
Hoy junio mm'n brilla «UH|>endido í;omo uim joya piiin 
«•ííh< ' I inu<í<, .-Miiíiltr ílf un tibio azu] df» otofk» 
> ( i limpio rano v^tUc la» hojan, 
y i;l Hol enciende pedrerfaa Hobre la mán liumilde d*' lan 

[tumban. 

Pero OH iüdiU la (»i« 'Imí| fi;i |.;i(( iif< fií' I;, hora. 
Ella Murgi/i de mí con a(iu<:l rnianio atavío ífrí», 
y «"I mismo monótono aullido de las oían, 
<n la tremenda soledad de aquella tarde. . . 



Pero con una flor humilde entre los dedo». 



0O1CBRÍUI 



flomhrHN bajaron, twmhvHH iK^KajfHiflM y át^nnim 

y ♦•iir<*fla<laH ruim» mii» lo- (|»<los, -ouiIhm^. 

HfíXnhrAH tioH detuvieron el pRmt entre ian mimbran 
y HutileM, HÍníeHtraK eomo baba» del diablo 

Moiiilx.r h'jii idii '-oiiihias (!<• iiimIIms iiiHidioHHH 
qiK (iHcurecierou alinaH y apiiftionarou vida». 



Ali! quebrar coii t*l ^ril«t <U' la ^.-n uíim .1 r*>i;i 
el apretado mulo de las tremendas sombras!... 
Librar las manos torpes, enredadas de sombras, 
y el cuerpo atormentado, y la mirada roma! 

Nada nos salva, nada, do las sombias. Ni el giito 
estranfíulado en ellas, ni súplica, ni queja. 
Las sombras nos devoran lentamente, las sombras... 
Y sumerjen el último espasmo entre sus sombras . . . 



84 — 



VBRSOS EN SSTA HORA. 



A Luce Fahhri. 



\ f i-sos en esta liora en qiio el Amor se eneoua, 
y trueca su sonrisa en rictus de amargura... 
Versos en esta hora de prevista agonía 

cji (|iic los i\'\n< cuajíiii itii;i \<-ti<l;i 
Versos en esla iioi'a en (jUe « i alma destila 
ziunos aeres y c'spesos en el lagar del día . . . 
Cuando todo se vuelve ceniza entre los dedos, 
y nos tiemblan las manos por la labor futiu'a! 



Ahí qué versos?... Qué versos de pasión eompriniidB, 
r)ior(lidos por las fauces tremendas del destino; 
negros, torvos, surcados de relámpagos lívidos, 
(|uebrados en abismos y olorosos a azufre, 
|)ara oiiceiidej' fon ellos in tiniebla que avanza!... 



INDICE 



INDICE 

Pág. 

Alba de Amor 7 

La Rosa 9 

El Gato 11 

Raíces de tu Vida 13 

Tregua 15 

Las Manzanas . . .... 17 

Pálidas Manos mías 19 

Azahares 21 

El Buque 23 

25 

Encantamiento 27 

Partir 29 

Exaltación 33 

Unidad . . . . - 35 

La Pascua Nuestra 37 

Signo 3Q 

Cosecha Tardía 41 



Momento ^3 

Reproche . 45 

Agonía .... 47 

Crepúsculo 49 

La Hoguera .51 
Otoño . . .53 

Encrucijada 55 

Alto 57 

El Dios Incomprendido . ... 59 

Inmortalidad ... ... 61 

Presentimiento 63 

El Resplandor Gozoso .65 

Crepúsculo en Malvín . 67 

Poema para la Amiga Muerta 69 

El Muro 71 

Una Sola Estrella 73 

Rebelión 75 

Pálida 77 

Experiencia 79 

El Cementerio de los Pobres 81 

Sombras .... 83 

Versos en enta Hci.; ... 85